
El dolor es parte de la vida, sin embargo, hoy observo a aquellos sin esperanza, a aquellos que no han logrado equilibrar la dicha y la tristeza.
Una sonrisa de quien observa puede producir en ellos un gozo efímero que absorbe todas las penas para generar sólo el inicio del paraíso excelso en su espíritu, porque no lo conocen. Entonces cuando el paladar de su corazón degusta aquella sensación tan extraña pareciera como si recibiera una descarga de belleza que incluso a veces…los hace temblar de miedo.
Su dicha ilumina tal vez más que la luna llena y aparece ante nosotros… radiante, y nos hechiza, y nos conmueve.
Atravesarán el infierno de su interior y lo recorrerán las veces que sea necesario, se toparán con ángeles en el camino que les tenderán una mano o tal vez un abrazo cálido, reconocerán su dolor sin culpar a nadie, llegarán a la meta, y algún día… aprenderán a sonreír.
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